Cómo Potabilizar el Agua de Pozo

Disponer de agua potable es un privilegio del que no siempre somos conscientes. El 30% de la población mundial no tiene acceso a este recurso, pese a que se considera un derecho fundamental. La cifra es aún más alarmante si analizamos quiénes cuentan con agua potable con un saneamiento seguro. Apenas 4 de cada 10 personas cuentan con este servicio. Si tienes un pozo en casa, debes asegurarte de que las condiciones del agua sean las adecuadas. Por eso hemos preparado esta breve guía, con indicaciones simples sobre cómo potabilizar el agua de pozo.

En primer lugar es importante saber cuáles son los contaminantes a los que podemos estar expuestos. Por un lado encontramos la contaminación química natural. Sustancias como el arsénico, hierro o sulfatos pueden estar presentes en los terrenos, debido a las características geológicas del suelo. Asimismo, los cultivos y otras actividades humanas pueden producir la contaminación química de las aguas por nitratos, pesticidas y herbicidas. Finalmente, la contaminación con microorganismos patógenos, bacterias coliformes, virus y protozoos constituye otro grave problema.

Las características organolépticas del agua no siempre se ven afectadas, pues no hay alteraciones del olor, sabor, color o turbidez. Esto no quiere decir que el agua sea apta para el consumo. Es necesario realizar pruebas de laboratorio periódicas que certifiquen que las condiciones de potabilidad son las adecuadas. El entorno de los pozos es cambiante, por lo que el agua es vulnerable a la contaminación y proliferación bacteriana.

Filtrado del agua de pozo

El primer punto que debemos observar es la turbidez del agua. Si el afluente del pozo no arrastra sedimentos podemos hacer una filtración simple. Un filtro de 5 micras será suficiente para realizar este primer filtrado, previo a la desinfección.

Por el contrario, cuando nos encontramos con fuentes de agua turbias será necesario incrementar el número de etapas de filtrado. Primero debemos pasar el agua por un filtro de sedimentos de 50 micras. Posteriormente, la filtraremos por uno de 5 micras, de al menos 10 pulgadas. De esta manera se eliminarán las partículas en suspensión, tales como restos de tierra, arena o algas.

Completado el tratamiento de filtro, podemos entonces elegir el método de potabilización más adecuado para las condiciones del agua.

 

Métodos de potabilización del agua

El método más sencillo consiste en hervir el agua. Para ello es necesario que alcance una temperatura de 100 º C. Al llegar al punto de ebullición muchas bacterias mueren o se inactivan.

Para que este sistema sea efectivo, el agua ha de hervir al menos 5 minutos. En este caso es importante que se saneen también los implementos que tengan contacto con el agua. Si vamos a almacenarla debemos hacerlo en el mismo recipiente donde se hirvió o en contenedores previamente higienizados.

Métodos químicos de desinfección del agua

Otra posibilidad es realizar una desinfección química, utilizando yodo o cloro. Ambos productos son eficaces para destruir las bacterias, pero el yodo tiene algunas ventajas. Además de ser efectivo contra las bacterias, actúa sobre los virus y microorganismos patógenos. Asimismo, no se inactiva por sustancias orgánicas y es fácil de utilizar. Podemos optar por las pastillas de yodo, la tintura, o preparados como la povidona yodada. En todos los casos debemos seguir al pie de la letra las instrucciones del fabricante.

El punto en contra del yodo es su precio, que puede ser hasta 10 veces más caro que el del cloro. Este puede ser aplicado en forma de hipoclorito sódico (lejía) o pastillas de dicloroisocianurato de sodio. Una vez añadido al agua debemos dejarlo actuar al menos 30 minutos.

Los métodos químicos de purificación del agua pueden afectar su sabor, olor y color. Por ello es aconsejable filtrar el agua después de someterla a estos procesos. Los filtros de carbón activado granular eliminan el sabor y olor del cloro, además de metales como plomo, hierro o cobre. Estos filtros también actúan sobre otros contaminantes químicos, como los herbicidas y pesticidas.

Pero si el análisis del agua del pozo indicara la presencia de nitratos, debemos recurrir a otros sistemas. Los nitratos se originan por las actividades agropecuarias en los terrenos circundantes o los vertidos de aguas residuales. Cuando sus niveles son muy elevados resultan perjudiciales, sobre todo para las mujeres embarazadas y los niños pequeños. Para suprimirlos existen filtros especiales para nitratos que deben ser instalados en los pozos para garantizar la idoneidad del agua.

Por otra parte, el agua de pozo puede ser muy dura. Esto se refiere a la concentración de sales disueltas, como calcio, magnesio o hierro. Si bien estos compuestos no son dañinos para nuestro organismo, pueden afectar las instalaciones sanitarias, causando obstrucciones. Por ello se recomienda instalar descalcificadores de agua cuando la dureza es superior a 200 mg/l CaCO3. De esta manera no solo estaremos protegiendo las tuberías, sino también los equipos conectados a ellas, como calentadores, lavavajillas y lavadoras.

Otros sistemas de potabilización

Para eliminar microorganismos, como las bacterias coliformes, se recomienda someter las aguas a un sistema de esterilización ultravioleta. La Escherichia coli, la Klebsiella, Enterobacter y Citrobacter pueden resultar mortales. Están presentes en los suelos, y se producen por la descomposición vegetal, los abonos orgánicos y las materias fecales.

Asimismo, los parásitos como Giardia intestinalis y Cryptosporidium pueden llegar a las aguas de pozos, por infiltraciones de la instalación. Aunque sus efectos no son letales, causan diarreas y enfermedades intestinales. Afortunadamente, también pueden ser eliminadas con el tratamiento ultravioleta.

Este método consiste en aplicar radiación UV al agua, mediante la colocación de filtros en las tuberías. Es un sistema que no requiere ningún trabajo adicional y no afecta las características organolépticas del agua. La luz ultravioleta modifica el ADN de los microorganismos e inhibe su reproducción.
Otra buena alternativa es la instalación de un equipo de ósmosis inversa.

Con este mecanismo se puede eliminar el 97% de los químicos disueltos en el agua. Actúa sobre metales pesados, como el arsénico, mercurio, plomo y cromo.

Además, filtra los nitratos y reduce la dureza del agua.  Se basa en el principio físico según el cual dos fluidos con diferente concentración salina se separan por presión osmótica. De esta manera, el agua purificada pasa a través de una membrana semipermeable hacia el área de mayor concentración.

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